REFLEXIONES EN MI MAS PURA ESENCIA DE MUJER
No había
otra opción, tuve que ser tan fuerte, tuve que luchar y seguir caminando tanto sin
mirar atrás que, cuando por fin pude detenerme y encontrar algo de paz,
salieron las verdaderas heridas que dormían profundamente en mi interior. El
desafío exterior me fue mucho más fácil que enfrentarme a tales heridas, crecer
y madurar. Hoy sé que en el fondo de todo ello está el deseo de ser salvada
por alguien, como en los cuentos de princesas indefensas que nos enseñaban
de niñas, como estando en los brazos de papá. Fuimos educadas para la
dependencia, por ello nos es tan difícil asumir la libertad con todas las
consecuencias y cuando la tenemos no sabemos cómo manejarla en muchas
ocasiones... Debemos aprender a perder miedos, querernos y defendernos por
nosotras mismas desde dentro para lograr nuestra autonomía. Sólo así lograremos
esa felicidad que tanto soñamos y podremos compartirla con quien realmente
queramos.
He estado y
estoy viviendo una etapa de sensaciones. Anteriormente había estado sumergida
en sentimientos.
La diferencia entre una sensación y un sentimiento es
que la sensación es algo mucho más físico y químico, algo que percibes a través
de los sentidos y puede llegar a ser muy fuerte y arrasador... Hay sensaciones
que te envuelven de los pies a la cabeza con una magia que no comprendes, te
arrastran deseos que erizan la piel, revolucionan el cuerpo y nublan los
sentidos… Un sentimiento es algo mucho más profundo. Algo que nace desde el
interior. Algo que no surge de la nada sino a través de todas esas sensaciones
y vivencias que nos han ido sucediendo . Nace de llegar a ver la esencia de
las personas y de las huellas que dejan en nosotros cuando se van… Suele pasar
que, después de una etapa dolorosa y de cambios, estemos bloqueados en ese
sentido y nos apetezca mucho más quedarnos en la superficie, en lo más simple y
fácil. Lo más probable es que atraigamos a personas y situaciones que nos
lleven a estas sensaciones y nos quedemos ahí. Pero cuando más lejos estamos y
menos queremos volver a todo el otro mundo, de repente algo cambia y nos
sentimos vacíos, nos falta el aire y sin darnos cuenta nos vemos perdidos como
un barco a la deriva
He
cometido muchos errores, me he equivocado y perdido muchas veces, pero cuando
te das cuenta de que hacer daño a los demás con ello es fallarse y
decepcionarse a uno mismo comprendes la importancia de medir tus actos antes de
volver a reincidir. Cuando el dolor por ello te supera, te vence y te derrota,
no te queda otra que reconocer, asumir consecuencias y aprender de todo ello
para seguir. Reconozco que soy tan imperfecta que a veces ni yo misma se
comprender el porqué de mis errores, pero me esforzaré a diario en ser mejor
persona. Solo los que me vean y comprendan permanecerán a mi lado, junto a mi esencia.






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