En medio de la tormenta...
Cuando
estamos en el centro del huracán nos es totalmente imposible tener una
percepción real de lo que está sucediendo. Una vez se aleja y logramos
recuperar y reconstruir los escombros que ha dejado a su paso llega la calma y
la visión que nos queda de lo anterior al desastre se suaviza. Sólo entonces
podemos volver a ser objetivos y poner cada cosa en su lugar. Aún así nada
volverá a ser lo mismo porque tendremos que comenzar sobre las cenizas del
pasado y el huracán siempre estará presente en nosotros. Tal vez se hayan
perdido muchas cosas en el camino que no podremos recuperar y deberemos
afrontarlas con todas las consecuencias. Tal vez eso nos enseñe a valorar lo
que en su momento dejamos pasar por alto y ya no está. Sé que todo sucede para
que aprendamos algo, todo tiene su razón, estoy segura de ello. Lo primero de
lo que me doy cuenta es de que, a veces es necesario hacer un esfuerzo y salir
en medio de la tormenta, mirar la perspectiva desde fuera para observar lo que sucede en realidad. Es curioso como
viéndolo desde un ángulo diferente, cómo si no estuviéramos involucrados en los
hechos, como si fuéramos ajenos a todo lo que ocurre, puede cambiar tanto la
manera de enfocar las cosas que acontecen. El ser que es capaz de lograr esto
posee para mí una gran virtud y control sobre si mismo. Estas personas tienen toda
mi admiración. Los que tienden a moverse por impulsos y dejarse llevar
demasiado por las emociones, muchas veces provocan estas tormentas sin querer
y después no saben salir de ellas. Y una vez finalizadas, una
vez después de recoger los escombros y llegar la calma, es cuando reflexionamos y
somos conscientes del daño provocado. Sólo entonces, cuando ya es demasiado
tarde tal vez, somos capaces de recobrar la visión inicial. Lo que queda son
los buenos recuerdos, sin miedos ni temores y sonreímos de nuevo al pensarlos… Pero el daño y el dolor ahí quedan y será
difícil borrar y olvidar lo ocurrido. Todo ello esconde heridas profundas que
se guardan escondidas en algún cajón del alma, y que la vida abre para que
cicatricemos por completo de una vez. El miedo al engaño, al dolor, a la
realidad, a las frustraciones, y a todas las malas experiencias que hayamos
vivido anteriormente acaba por destrozarlo todo, incluso lo que es bueno de
verdad… el miedo es nuestro mayor enemigo, sólo nos trae inseguridad y no nos
deja avanzar. Debemos aprender a dejar fluir las cosas de manera natural y
abrir el corazón sin temor. Debemos conseguir estar bien con nosotros mismos,
perdonarnos y amarnos para lograr amar por completo a los demás.

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