CONSTELACIONES

Hoy recordé aquella tarde en la que aprendí  a bailar descalza sobre tus pies. Unidos bailamos al compás de tus pasos y al ritmo de música y latidos… Nunca he vuelto a bailar así desde aquella tarde. Por qué desde que te fuiste nadie supo hacerme bailar así? Una parte de mi inocencia se quedó atrapada en el tiempo y permanece en aquel momento, junto al eco de nuestras risas que aún puedo escuchar en mi mente. Aún puedo sentir nuestras almas temblando de emoción al rozar nuestros cuerpos, todavía puedo vibrar al recordar tus ojos mirándome… Bailamos y bailamos impregnándonos de nosotros… la felicidad inundó el salón y allí quedó nuestro mundo para siempre.


Cuando salimos de casa la calle se había vestido de noche y en el cielo había un manto de estrellas que brillaban con más intensidad que nunca. Ahora sé que ellas también quisieron despedirse de nosotros y guardar para siempre la fotografía de nuestra imagen juntos… Me abrazaste y mimaste con dulzura contemplando el  maravilloso aroma de la noche y quisiste mostrarme las constelaciones. Tal vez si hubiéramos sabido que sería la última vez que podíamos caminar juntos bajo ellas hubiésemos hecho eterno ese  momento en el tiempo… y sin embargo todo desapareció tan de repente que me ha llevado una vida entenderlo.

Y yo sigo mirando cada noche las estrellas desde mi ventana reviviendo cada uno de los instantes que en su día compartimos. Y nuestro eco suena de nuevo en el salón… y aún sigo sobre tus pies, dejándome llevar al ritmo de la música y los latidos.

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