ATRAPADA ENTRE EL CORAZÓN Y LA RAZÓN

La vida es tan mágica y sorprendente que hace que no puedas parar de hacerte nuevas preguntas, y cuando ya crees que tienes las respuestas te das cuenta de lo equivocada que estabas y lo mucho que aún te queda por aprender. Hace mucho que averigüé que perdí muchos años de mi vida encerrada en un mundo estereotipado, en el que aparentemente todo esta dicho y no se puede ver más allá de lo que debe ser. Hasta que fui capaz de ver con mis propios ojos y forjé mis propias ideas a través de mis experiencias, y en ese transcurso comprendí que nada está escrito como verdad universal, y que cada uno ha de buscar la suya propia, que todo cambia y se transforma continuamente y eso es lo que nos hace no parar de crecer y aprender.




Esta es la historia de María, una mujer de unos setenta y pico años que tuve el enorme placer de conocer en un viaje de tren hacia Madrid. Era una de esas mujeres con mucha vida, a las que escucharlas es todo un regalo. Una mujer diferente y especial de la que sin duda podía aprenderse mucho a través de sus historias. Empezamos a conversar y sin darme cuenta me vi sumergida en su precioso relato, una experiencia de su vida que me envolvió de ternura y me hizo reflexionar sobre el significado y los prejuicios del amor. Ella a estas alturas de su vida parecía tenerlo muy claro.




María no podía creer lo que le estaba pasando, tampoco quería preguntarse el por qué, solo deseaba que esos momentos mágicos duraran eternamente, detener el tiempo y quedarse en su mirada… detrás de la barra buscaba su sonrisa y siempre hallaba la respuesta esperada. Sabía que sería así, no lo dudaba ni un instante. Podía sentirle sin mirarle, incluso antes de que llegara hasta dónde ella estaba. Notaba su presencia en el aire y podía respirarlo, y se estremecía  por dentro… Nunca nadie le había hecho temblar de emoción sin tan siquiera tocarla. La felicidad la embargaba y la envolvía en un mar de sensaciones hasta ahora desconocidas para ella. Tantos años grises llenos de rutinas y sin color, tanto sufrimiento y lucha por el camino en su recorrido, y de repente y sin aviso, la vida se había convertido en un arco iris de colores intensos, la sonrisa iluminaba su rostro, sentía esas cosquillitas dentro de su vientre y ese calor en el corazón que le hacía sentir más viva que nunca. Era una sensación hermosa que la elevaba a otra dimensión y le hacía flotar durante todo el día. Por las noches dormía arropándose de todo eso y en sus sueños dibujaba el comienzo de algo nuevo que le cambiaría la vida para siempre.



Ahora podía entender perfectamente lo que su prima, en su viaje a Andalucía, le había dicho. Por entonces andaba con un chico, pero justamente en el transcurso de ese viaje descubrió que no sentía nada hacia él y que en cuanto regresara debía dejarlo. Ella le hizo una serie de preguntas que la dejaron descolocada y confusa: “¿Cuando lo ves sientes mariposas en el estómago? ¿Hace que tiembles de emoción por dentro? ¿Lo echas de menos ahora?” Las respuestas a todo eran NO. Su prima le advirtió que no estaba enamorada. Así que desde ese momento supo que no era él el hombre que llenaría su vida y tuvo el gran deseo de sentir todo lo que ella le había descrito de nuevo por alguien.



Días después, cuando conoció a Daniel, encontró todas las respuestas afirmativas a las preguntas de su prima. Daniel siempre le pareció diferente a los demás. Solitario en la barra, en su mundo, observando desde una esquina, con su dulce sonrisa y pocas palabras, pero siempre amables. Tenía ese don de ser gracioso por su naturalidad. Un hombre gentil y amigo de todos, aparentemente tímido y noble, muy cercano y querido.  Tal vez el hombre más parecido a su padre que había conocido hasta ahora. Y fue eso lo que le llamó justamente la atención y le hizo romper las barreras que hasta ahora había construido en su corazón. Una tarde mientras le servía su copa le dijo que se parecía a una gran artista por la que precisamente ella sentía una profunda admiración. ¿Cómo pudo dar en el clavo sin apenas conocerla? Ese pequeño detalle fue directo a la diana de su corazón, le desbarató por completo y empezó a escuchar música en su interior. Y ya cuando lo sentía cerca perdía la noción del tiempo. Y es que cuando una flor se abre ya no hay vuelta atrás. Sabía que su corazón lo había elegido, que él estaba ahí para ella en ese justo momento como un sueño hecho realidad. Llegó a creer que ya se habían conocido en otras vidas porque desde el primer momento no hizo falta darle muchas explicaciones para que la entendiera, simplemente se sentían y eso era mucho más que suficiente. Y no pudo evitar que el sentimiento creciera y creciera dentro de su alma día a día hasta el punto de no poder controlarlo.



El corazón no entiende a veces de razones y no ve más allá de lo que desea para él por mucho que la razón intente explicarle. ¿Cómo podía ser malo un sentimiento tan puro? Pero su corazón olvidó que él era un hombre casado, con una vida ya hecha, una gran y bonita familia con la que él aparentemente se sentía feliz. ¿Y si sentía feliz, por qué se había enamorado también de ella? Nunca se había imaginado en una situación así. No quería comprender ni preguntarse, pero la vida le lanzaba nuevas preguntas y le ponía nuevas pruebas de aprendizaje, aunque en esos momentos el sentimiento era tan desbordante que no lo podía controlar y solo podía dejarse arrastrar. Supo que él también se había enamorado hasta los huesos y que estaban hechos a la medida el uno del otro cuando sus manos encajaron a la perfección. El roce de su piel le embriagaba de sensaciones tan bellas que era imposible no desear estar con él cada minuto del día… No había vuelta atrás no. Y cuando estaban cerca el uno del otro no eran conscientes del mundo de fuera. Realmente eso era amor. A medida que María lo fue conociendo más, fue reafirmando todo aquello que presintió de él desde el primer momento, o incluso queriéndole aún más al comprobar su humildad y nobleza interior.



María suspiró profundamente y prosiguió explicando: 
"-Dicen que sabes que estás realmente enamorado cuando encuentras la perfección en una persona completamente imperfecta. Cuando alguien cruza la barrera del corazón ya nada puede detenerlo" 
María descubrió en él un hombre con el que podía ser completamente ella misma sin miedo, sabía que él amaba sus imperfecciones y torpezas y que siempre estaba bella para sus ojos. Solía decirle que hasta calva le parecería hermosa. Y con algo tan simple le hacía sonreír… Compartían a diario risas y lágrimas. Ella llegó a lo más profundo de su ser y se confesaron los más profundos secretos. Encajaban perfectamente, como las dos piezas del puzle, como dos imanes que se atraen inevitable y naturalmente…


Lo que vivieron los siguientes meses quedará escrito para siempre en el libro de sus almas y en la eternidad. Y aunque tomaron la decisión de seguir caminos diferentes, siempre formarían parte el uno del otro, en la distancia y a través de los años. El amor verdadero nunca se va, permanece en cada uno de nosotros para siempre. 
De hecho, a María, a pesar del tiempo transcurrido, le seguían brillando los ojos mientras me contaba la historia y al recordar al que seguramente fue el gran amor de su vida.
Ella bajó del tren en su parada, tal vez no volvería a verla jamás, pero yo me quedé sumergida en la historia de María y Daniel durante todo el día, pensando en cómo hubieran sido de diferentes sus vidas si se hubieran quedado juntos... Tal vez lo que hace más bella su historia es ese final inacabado de un amor imposible, pero eterno...


Comentarios

  1. Qué hermosa historia de amor la que cuentas. Qué "suerte" la de María y Daniel de poderla vivir. Qué bien lo explicas. Realmente María te hizo viajar mucho mas lejos de tu destino.

    No niego una cierta envidia, pero pienso que la "suerte" de conocerte y se me pasa en seguida.

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