EL BAÚL DE LOS RECUERDOS


Se despertó en mitad de la noche sobresaltada con un sueño que acabó en un grito sin voz. Sudando entre las sábanas y con el cuerpo rígido por una sensación de miedo que la petrificaba.

Cálmate, ha sido solo una pesadilla – Se dijo a sí misma. Y decidió seguir durmiendo. Le esperaba amanecer y ponerse manos a la obra en pocas horas. No conciliaba el sueño, era casi imposible. El cansancio de su cuerpo no podía evitar que su mente se mantuviera activa, así que decidió levantarse, y como tantas otras veces ponerse a escribir. Era lo único que la calmaba en momentos así. Los recuerdos se adueñaron de ella y flotaban como nubes por la habitación, los iba atrapando uno a uno  y, mediante el teclado y sus manos, los plasmaba en la pantalla del ordenador. Había decidido escribir su historia hacía mucho tiempo, porque creía que podía ser un relato real y lleno de esperanza para muchas personas. Tal vez un ejemplo con el que sentirse identificadas. Tal vez podría aportar algo bueno de todo ello a otros, tal vez podría hacerles sentir emociones a través de sus palabras y descripciones de los hechos. Era feliz con ello, escribir era su pasión, su vida, su gran sueño.

Ensimismada en sus pensamientos y escritura las horas pasaban volando y sin apenas enterarse. Incluso, cuando lo hacía, los sucesos más enterrados o guardados bajo llave en los cajones escondidos de su alma volvían a salir a la superficie. Y empezaba a recordar detalles que tenía completamente olvidados y en su momento fueron importantes, cosas que le ayudaban a entender algo más sobre lo que ella era hoy. De repente tuvo el flash de una imagen, pero no llegaba a ver completamente el sentido de lo que era, así que se le ocurrió bajar al sótano dónde guardaba todos los objetos del pasado y comprobar si eso le podía hacer recordar aquel momento que había visto en su mente. Estaban repartidos en cajas viejas y un baúl que en su día fue de su querida abuela, ahora hacía algunos años fallecida, por lo que significaba muchísimo para ella.

Hacía unos tres años que se había trasladado a una casa de dos plantas y un sótano en el que estaba el trastero y un garaje. En aquella casa había comenzado una nueva vida con sus hijos después de mucho caminar. Por fin encontró un lugar dónde poder vivir tranquila y completamente a gusto, al fin consiguió dar con un hogar donde sentirse ella misma y en paz,  fruto de su propio esfuerzo diario. Era una gran luchadora y jamás se rendía. Claro que la vida tampoco le había dejado otra opción y hoy se sentía agradecida de que hubiera sido así, porque eso la había convertido en una mujer fuerte y llena de ganas de vivir, eso le había hecho valorar el sentido real de estar aquí, eso le hacía querer seguir aprendiendo de cada una de las cosas por las que atravesaba y ver la vida desde la perspectiva de aprovechar cada instante para ser feliz con lo que tenía, eso le hacía luchar por sus sueños y seguir a pesar de cada una de las derrotas y heridas.

No había sido muy afortunada en el amor, bueno, eso depende en realidad de lo que se considere por ser afortunado en ese aspecto, que para ella no tenía nada que ver con lo que en estereotipo se considera lo mejor para todo el mundo. Sabía muy bien que no hay un modelo válido y único para ser feliz o afortunado, y que eso más bien depende de la personalidad de cada uno. Había sentido el amor de diferentes maneras durante toda su vida, pero no aquel amor cien por cien correspondido por la persona correcta con la que soñaba. Por uno u otro motivo hasta ese momento nunca fue de ese modo.  Así que llevaba casi 8 años viviendo sola con sus hijos y teniendo algunas relaciones cuando se le presentaba la ocasión, pero nunca volvió a formar un nuevo hogar en el que añadir a otra nueva persona por completo.

Abrió la puerta de acceso a las escaleras que llevaban al mencionado sótano y bajó hasta allí. Normalmente bajaba solo para guardar algún trasto que ya no le servía de mucho, pero no se entretenía más de lo necesario. No soportaba los lugares oscuros, de hecho cuando compró su casa una de las condiciones que puso en su búsqueda era que fuera muy luminosa y le entrara la luz del sol todo el día. Pero esa noche tuvo la imperiosa necesidad de buscar entre los recuerdos, así que decidió bajar y rememorar a través de los objetos de épocas pasadas. Se quedó absorta en cada uno de ellos, deteniéndose en los detalles y recordando un sinfín de momentos a los que le conducían por instantes.

Abrió el baúl y encontró un álbum de fotos de hace muchos años, lleno de polvo que sacudió. Dios mío – suspiró-  Y se sentó en el suelo con las piernas cruzadas, como cuando era una niña, para mirarlo detenidamente. Aquel bebé rubito de grandes mofletes y carita dulce era su hija mayor. Estaba en los brazos de un hombre alto y en buena forma, muy moreno, de buena planta y aparentemente con clase. Un hombre de esos que no son desapercibidos al pasar por tu lado por su atractivo; de cuerpo de deportista y muy alto, cara de facciones rectas y serias, ojos color miel intensos y un aire misterioso en su aura. A simple vista un caballero, educado e inteligente. Un hombre que derrochaba dominio sobre si mismo. Tal vez por todo ello se había fijado en él desde el primer momento en el que la cautivó. Casi no recordaba lo guapo que le parecía entonces... Se sobrecogió por dentro por un instante, pero enseguida recordó que esa era solo su apariencia. Con los años descubrió lo que había en su interior y la imagen de él cambió, pasó a ser oscuridad y dolor.

Por un momento y como impulso cerró de golpe el álbum al recordar ciertas cosas, pero había bajado por un motivo y debía enfrentarse a sus miedos, así que decidió abrirlo de nuevo y contemplar a su niña y a ella misma, esa chica redondita que se mostraba a su lado. Aquella niña-mujer que entonces desbordaba inocencia y bondad. Aquella chica de apenas 22 años que quiso jugar a ser madre y crear un hogar antes de estar preparada para recibir la dureza de la vida. Pero..¿Quién le iba a decir que aprender le llevaría tantas horas de lágrimas y esfuerzos? ¿Quién le iba a decir que de repente recibiría una enorme sacudida que rompería todos los esquemas en los que y para los que ella había sido educada? ¿Cómo podía imaginar que le desgarrarían la inocencia de un soplo y no le quedaría otra que vivir en el infierno y para salir luchar contra sus propios demonios?

Había sido criada envuelta en amor y cariño, en una familia muy unida, trabajadora de clase media. Había sido una buena estudiante y persona, tal y como sus padres le habían enseñado con su ejemplo. Desconocía por completo la vida de ahí fuera porque había vivido en un cuento de hadas, protegida del mal. Por ello cuando le conoció creyó que era un príncipe apuesto que la rescataba de su cabaña y le entregaría todo su amor, dedicándle su vida por completo y para siempre… 
Nada más lejos de la realidad. Ya desde sus comienzos de noviazgo vio cosas que no encajaban en sus ideales, convicciones ni en sus valores humanos, pero cuando una mujer está cegada por el amor, (y era un amor casi platónico y de adoración divina total hacia la otra persona), no ve más allá de lo que quiere ver y hace cosas incomprensibles con tal de seguir al lado de esa persona. Nada más comenzar él le había confesado su infidelidad una vez, y su confesión le hizo perdonarle casi de inmediato, gran error que después le pasaría factura…

Cogió un álbum aún más antiguo y se detuvo en una de las fotos de su viaje cuando eran novios. Fue la primera vez que vivió unos días totalmente a solas con él. Los recuerdos y sensaciones de esos momentos la golpearon por momentos. Algunos eran buenos, otros demasiados extraños (no tuvieron apenas relaciones sexuales). Pero hasta día de hoy no había recordado un detalle importante de aquel viaje, algo que su intuición le había dicho a gritos y ella silenció mirando para otro lado. Ahora asomaba la cabeza de nuevo con cara de “ te lo dije y no me hiciste caso” y los chillidos se oían por todo el espacio del sótano y retumbaban en su mente.

Recordó el escalofrío que sintió estando con él en la playa, los dos solos, a muchos kilómetros de sus amigos y familiares, perdidos en otro mundo. La sensación de miedo que le provocó el sentir como la ahogaba mediante aparentes juegos en el agua. Y se le pasó por la cabeza la idea de que estaba más indefensa que nunca. ¿Por qué tuvo miedo? En teoría era su pareja y debía confiar cien por cien en él, pero el miedo la dejó casi sin respiración y la idea de que podía quitarle la vida sin que nadie se diera cuenta la petrificó de tal manera que tuvo que salir del agua e intentar pensar en otras cosas… Esa sensación de miedo le había avisado de algo, pero ¿cómo imaginar que podría pasarle a ella algo que crees que solo pasa en las películas? Y más de la persona que amas profundamente. Intentó ignorar ese presentimiento en aquel entonces, pero hoy supo que lo suyo con él nunca había sido amor real y del bueno, sino un amor-miedo que no le haría durante todos los años siguientes ningún bien como persona. Nunca fue feliz a su lado, nunca se sintió amada por él. Y lo peor es que lo supo desde el principio y aún así siguió durante muchos años soportando lo insoportable...

Se contempló en una fotografía de años después, con apenas 24 años y apariencia de casi 40, descuidada y seria, muy seria, tristeza absoluta en la mirada perdida y un aspecto desolador. Parecía que le habían arrancado el alma. Esa no era ella, era lo que él había hecho y dejado que ella fuera. Era en lo que ella le había dejado que él la convirtiera, presa de su inseguridad y miedo por ser ella misma. Y por momentos un escalofrío recorrió su espalda, sintió un frío espantoso y se puso a buscar una manta o algo con lo que taparse un poco mientras seguía mirando objetos, fotos y recuerdos…

Tan tocada se había quedado con aquella imagen de la foto que se miró al espejo que tenía en frente para contemplarse. Vio a una mujer madura, segura de si misma y con una apariencia juvenil y cuidada, una mujer llena de fuerza y vitalidad, con ganas de vivir y hacer cosas, una mujer que se sentía muy feliz de haber llegado hasta dónde estaba, nada que ver con la niña insegura y sin alma de la foto. Respiró profundamente y sonrió para sí misma satisfecha, sabiendo que en su momento y, aunque algo más tarde de lo que tal vez debería, había tomado la decisión correcta, y que fue esa decisión dolorosa en su día, la que le había cambiado por completo la vida. Miró hacia arriba y dio las gracias al universo por haberle dado las señales correctas que le hicieron por fin abrir los ojos y salir de aquella trampa mortal en la que se había sumergido. Se sentía orgullosa de sí misma por el cambio producido en el transcurso de los siguientes años, que, a pesar de haber sido muy duros, había vivido libre e intensamente.

Se despertó envuelta en la manta, apoyada en el baúl y rodeada de fotos y objetos... Un hilito de luz que llegaba desde la puerta le daba en la cara e hizo que se abrieran sus ojos. Se había quedado dormida en el sótano, en medio de todo aquello, y al darse cuenta y ver la hora que era no podía ni creerlo. De un salto se puso en pie y corrió a ducharse y ponerse en marcha para el nuevo día que le esperaba con los brazos abiertos... Ese fue un día en el que las palabras brotaron solas y escribió una gran parte del libro, así que decidió volver al sótano y al baúl de los recuerdos en otro momento...

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