LA CIUDAD DEL OLVIDO
Imagino que debe haber un lugar dónde va todo lo que nunca
llegó a ser, una ciudad dónde encontrar todas aquellas cosas que cada uno de
nosotros dejamos a mitad de camino abandonadas… Sí, debe ser así, debe existir
un lugar donde todas ellas se apelotonan y se mezclan con las hojas secas y las
flores marchitas que se arremolinan con el viento, formando grandes montañas en
mitad de la nada…
En la Ciudad del Olvido puedes encontrar infinidad de besos y abrazos que no fueron dados, miles de “te quiero” que no fueron dichos y esas caricias que se nos quedaron en las manos. Allí está todo el cariño que
dejamos de dar a diario, los detalles que pasamos por alto, las promesas
incumplidas, los sueños que no tuvimos el coraje de seguir y las ilusiones que
al final acabamos desestimando. Es una ciudad sin retorno, donde pasan los
trenes fantasma a los que nunca nos llegamos a subir y se hallan las oportunidades que no
escogimos. La Ciudad del Olvido es una ciudad desolada dónde irónicamente reina
la tristeza y el miedo, a pesar de estar repleta de las mejores y más bellas cosas que la
vida alguna vez nos ha brindado… Porque allí se almacena todo lo que en algún momento nuestro corazón
reclamaba y no quisimos escuchar, ni ver, ni elegir… Allí están los amores
imposibles y platónicos, los pasos que nunca nos atrevimos a dar para cambiar
nuestro mundo; allí está esa luz que en
algún momento nos iluminó con su resplandor y dejamos apagar por temor a que
nos cegara… Y yo me pregunto: ¿Tan
poderoso es el miedo que por lo general provoca en las personas impedirle al corazón ganar sobre él? ¿Tan
poderoso es, que construye enormes e indestructibles murallas que nos protegen
pero impiden ser quienes realmente somos?
Recuerdo mi niñez… La ausencia del miedo nos hacía ser
auténticos y reales. Continuamente nos caíamos, nos levantábamos y volvíamos a
jugar sin miedo a hacernos daño. En
nuestra inocencia no temíamos que nos dañaran y por ello simplemente hacíamos y
decíamos lo que queríamos, sin pensar en lo que eso provocaría en los demás ni
las consecuencias que ello tendría en nosotros mismos… ¿En qué momento dejamos
de ser niños? ¿En qué momento perdemos esa seguridad de que hagamos lo que
hagamos todo será perfecto?
Contemplo cada día gente a mi alrededor que vive prisionera
de su amargura, gente que enferma y no sabe la razón, personas con dolencias
físicas y psíquicas que no saben ni pueden salir de ese espiral de sufrimiento.
Tal vez en algún momento no quisieron escucharse a sí mismas, tal vez ignoraron
el susurro de su corazón y simplemente sobrevivieron, subsistieron como si la
vida tratase sólo de eso, evitando a toda costa oír esa voz interior que les
recomendaba otros caminos hacia la felicidad. Cuando uno no siente que de
verdad está en su camino acaba por
enfermar de tristeza . Y cuando uno no es feliz , no puede repartir esa
felicidad a las personas más cercanas sino por lo contrario muestra esa actitud
de impotencia y rabia que provoca malestar en él y en los demás, formando un
círculo vicioso del que no puede salir.
Seguramente en la Ciudad del Olvido se hallen guardados
todos los secretos que jamás se atrevieron a contar, todo lo que no enfrentaron
por miedo, sin darse cuenta de que,
precisamente el no escuchar y seguir lo que les susurraba incesablemente su alma acabará por matarlos en vida.
precisamente el no escuchar y seguir lo que les susurraba incesablemente su alma acabará por matarlos en vida.
Por ello creo que siempre debemos hacerle caso a nuestro corazón, y
aunque muchas veces acabe herido gravemente, serán esas heridas las que nos hagan aprender y
volver a comenzar de nuevo, una y otra vez,
valorando cada momento como único y sacando de cada experiencia un nuevo
aprendizaje que nos hará crecer día a día sin miedo. Si dejamos pasar los
momentos, estos se irán a la Ciudad del Olvido y no podremos recuperarlos
jamás…





No podía dejar si comentarios un escrito tan bello. Espero que nunca viajes a esa Ciudad del Olvido que has creado.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario y tus bellas palabras. Celebro que te guste. He de reconocer que alguna vez me di un paseo por allí... de eso hace ya algún tiempo. Hoy valoro mucho el estar aquí. Mis silencios son para encontrarme conmigo misma y hacer un alto en el camino, pero nunca para callar sentimientos que gritan dentro de mí.
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